La otitis en perros es la inflamación del conducto auditivo y se reconoce por tres señales muy claras: el perro sacude la cabeza, se rasca las orejas con insistencia y aparece mal olor o secreción en el oído. No suele ser grave si se detecta a tiempo, pero es muy molesta y tiende a repetirse, así que conviene actuar pronto y, sobre todo, descubrir qué la está provocando.
En esta guía vas a entender qué es exactamente la otitis canina, cómo identificar los primeros síntomas, cuáles son sus causas más frecuentes, qué perros son más propensos y qué puedes hacer en casa para aliviar a tu perro y evitar las recaídas. Es información orientativa para que llegues mejor preparado a la consulta: el diagnóstico y el tratamiento siempre los marca tu veterinario.
Qué es la otitis en perros
La otitis es la inflamación del oído, una de las consultas más habituales en las clínicas veterinarias. El oído del perro tiene forma de «L», con un tramo vertical y otro horizontal, lo que hace que la humedad, la cera y los restos queden retenidos con facilidad y creen el ambiente perfecto para que proliferen bacterias y hongos. Por eso una molestia leve puede convertirse en una infección en pocos días.
Según la zona afectada se distinguen tres tipos. La otitis externa es la más común y afecta al conducto visible desde fuera. La otitis media alcanza el oído medio, detrás del tímpano, y suele ser una externa mal curada que ha avanzado. La otitis interna es la más profunda y puede afectar al equilibrio del perro. Cuanto antes se trate la externa, menos riesgo hay de que progrese hacia las formas más serias.
Síntomas de otitis en perros: cómo reconocerla
Los perros con otitis muestran señales bastante reconocibles. Cuanto antes las detectes, más fácil será frenar la infección antes de que se complique. Estos son los síntomas más frecuentes que debes vigilar:
- Sacudidas de cabeza repetidas o ladeo de la cabeza hacia el lado afectado.
- Rascado intenso de las orejas y tendencia a frotarlas contra el suelo o los muebles.
- Mal olor en el oído y secreción oscura, amarillenta o con aspecto de cera abundante.
- Enrojecimiento e hinchazón del pabellón o del conducto auditivo.
- Dolor o molestia al tocar la zona: algunos perros se quejan o esquivan la mano.
- Pérdida de equilibrio, movimientos extraños o caminar en círculos en los casos más avanzados.
Si observas uno o varios de estos signos de forma mantenida, lo prudente es acudir al veterinario en lugar de esperar a ver si «se pasa solo». Una otitis tratada en sus primeros días se resuelve mucho mejor que una que lleva semanas instalada.
Causas más frecuentes de la otitis canina
La otitis casi nunca aparece «porque sí»: detrás hay un factor que desencadena la inflamación. Identificarlo es clave, porque si solo se trata la infección sin corregir la causa, el problema vuelve una y otra vez. Estas son las causas más habituales:
- Alergias: son una de las causas crónicas más frecuentes, sobre todo en perros con dermatitis atópica o alergias alimentarias.
- Humedad: el agua que queda dentro del oído tras el baño, la piscina o el mar favorece el crecimiento de bacterias y hongos. Es típica en verano.
- Cuerpos extraños: las espigas, semillas y restos de hierba seca se cuelan en el conducto y provocan inflamación y dolor intenso.
- Parásitos: los ácaros del oído son una causa muy común en cachorros y perros que conviven con otros animales.
- Exceso de cera o de pelo en el interior del conducto, que retiene suciedad y humedad.
- Bacterias y hongos (como la levadura Malassezia), que aprovechan cualquier desequilibrio para multiplicarse.
Las espigas son un peligro especialmente típico en primavera y verano: si tu perro empieza a sacudir la cabeza de golpe después de un paseo por el campo, revisa sus oídos con cuidado, porque podría tener una clavada dentro.
Razas y perros más propensos a la otitis
Cualquier perro puede sufrir otitis, pero algunos tienen más papeletas por su anatomía o su estilo de vida. Los perros de orejas caídas que tapan el conducto, como el Cocker Spaniel, el Basset Hound, el Beagle o el Golden Retriever, acumulan más humedad y calor dentro del oído. También son más propensos los perros con mucho pelo en el conducto, como el Caniche o el Schnauzer, y los que nadan con frecuencia o se bañan a menudo.
Que tu perro pertenezca a uno de estos grupos no significa que vaya a tener otitis sí o sí, pero sí que conviene revisar y secar bien sus oídos con más frecuencia, sobre todo en los meses de calor y después de cada baño.
Cómo se trata la otitis en perros
El tratamiento de la otitis depende siempre de la causa y de la gravedad, por eso es tan importante que sea el veterinario quien lo paute. Aplicar por tu cuenta el tratamiento que le funcionó a otro perro o un resto de medicación antigua puede empeorar las cosas, especialmente si el tímpano está dañado.
Qué hace el veterinario
El veterinario explora el oído con un otoscopio para ver el estado del conducto y comprobar si el tímpano está intacto. A menudo toma una muestra de la secreción para observarla al microscopio e identificar si hay bacterias, hongos o ácaros. Con esa información limpia el conducto en profundidad y prescribe el tratamiento adecuado, que suele incluir gotas óticas con antiinflamatorios, antibióticos o antifúngicos, y en casos más intensos algún medicamento por vía oral. Si hay una causa de fondo, como una alergia, también habrá que abordarla.
Qué puedes hacer en casa (y qué evitar)
En casa tu papel es de apoyo y prevención, no de diagnóstico. Puedes ayudar mucho con una limpieza ótica suave y regular usando un limpiador específico para perros, siempre que el veterinario lo haya autorizado y el oído no esté en plena infección aguda. Un buen limpiador ótico para perros en Amazon.es ayuda a arrastrar el exceso de cera sin agredir la piel del conducto.
Lo que nunca debes hacer es introducir bastoncillos de algodón en el conducto (empujan la suciedad hacia dentro), usar alcohol, vinagre o agua oxigenada, ni aplicar gotas o pomadas sin saber si el tímpano está perforado. Los «remedios caseros» irritantes pueden agravar la inflamación y retrasar la curación.
Cómo prevenir la otitis y las recaídas
La prevención es la mejor arma contra la otitis, sobre todo si tu perro ya la ha sufrido antes o pertenece a una raza propensa. Con unos hábitos sencillos reducirás mucho las probabilidades de que vuelva a aparecer:
- Seca bien los oídos después de cada baño, de la piscina o del mar, prestando atención a la zona de entrada del conducto.
- Revisa las orejas con regularidad para detectar enrojecimiento, mal olor o exceso de cera antes de que vaya a más.
- Limpia el conducto solo cuando haga falta y con producto específico; la limpieza excesiva también irrita.
- Recorta o pide que recorten el pelo del interior de la oreja en las razas que lo necesitan.
- Tras los paseos por el campo, revisa que no haya espigas ni semillas enganchadas en las orejas.
- Controla las alergias de fondo con ayuda del veterinario si tu perro tiene otitis de repetición.
Estos cuidados encajan dentro de la rutina de higiene general del perro y apenas llevan unos minutos. La constancia es lo que marca la diferencia entre un perro que sufre otitis cada pocos meses y otro que mantiene sus oídos sanos durante años.
Cuándo acudir al veterinario
Acude a la clínica si tu perro sacude la cabeza sin parar, se queja de dolor al tocarle la oreja, presenta secreción abundante o mal olor, o si notas que ha perdido equilibrio o camina raro. También conviene consultar cuando la otitis reaparece una y otra vez, porque suele haber una causa de fondo (una alergia, por ejemplo) que hay que diagnosticar y tratar. Cuanto antes se valore, más sencillo y corto será el tratamiento.
Recuerda que esta guía es informativa y no sustituye la valoración de un profesional: ante cualquier duda sobre la salud de tu perro, tu veterinario es siempre la mejor referencia.





