Las espigas en perros son uno de los peligros más subestimados del verano: esas pequeñas semillas secas de gramíneas se clavan en la piel, las patas, las orejas o la nariz y, si no se retiran a tiempo, pueden migrar dentro del cuerpo y provocar infecciones serias. La forma correcta de actuar es revisar a tu perro después de cada paseo por zonas de hierba alta, retirar la espiga cuanto antes si está superficial y acudir al veterinario si se ha clavado o no consigues verla. En esta guía te explicamos qué son, cómo reconocer los síntomas según la zona afectada y, sobre todo, cómo prevenirlas durante los meses de más riesgo.
Qué son las espigas y por qué son peligrosas para el perro
Las espigas, también llamadas espiguillas, son las semillas de muchas gramíneas silvestres (avena loca, cebada, fleo y otras hierbas que crecen en cunetas, parques y descampados). Cada espiga tiene una forma de flecha: una punta dura y afilada en un extremo y unos pelillos diminutos orientados todos en la misma dirección. Esa estructura es justo lo que la hace peligrosa, porque solo puede avanzar hacia delante: una vez que la punta entra en contacto con el pelo o la piel del perro, los pelillos actúan como un arpón y la espiga se desplaza hacia el interior sin posibilidad de retroceder por sí sola.
El problema no es la espiga en sí, sino su capacidad de migrar. Lo que empieza como una molestia entre los dedos de la pata puede perforar la piel, formar un trayecto bajo ella e incluso desplazarse hasta zonas profundas. En los casos más graves, una espiga inhalada por la nariz puede llegar a los pulmones, y una alojada en el oído puede dañar el tímpano. Por eso, ante la duda, conviene actuar con rapidez y no esperar a ver si «se cae sola».
Por qué el verano dispara el riesgo de espigas
Las espigas son un peligro estacional muy marcado. Entre finales de la primavera y todo el verano, la hierba que ha crecido durante los meses húmedos se seca, granea y suelta sus semillas, que quedan sueltas en el suelo o enganchadas en tallos a la altura del perro. Es precisamente en mayo, junio, julio y agosto cuando las clínicas veterinarias reciben más casos de espigas clavadas. A esto se suma que en verano paseamos más por el campo, las playas con vegetación y los parques con zonas sin segar, multiplicando el contacto.
El calor del verano trae además otros riesgos que conviene tener en el radar al mismo tiempo, como el golpe de calor en perros. Combinar la revisión de espigas con unos buenos hábitos para refrescar a tu perro en verano te ayudará a que la época de más calor sea segura para él.
Dónde se clavan las espigas: zonas más afectadas
Una espiga puede clavarse prácticamente en cualquier parte del cuerpo, pero hay zonas donde se acumulan con mucha más frecuencia. Conocerlas te permite revisar a tu perro de forma rápida y sistemática al volver del paseo.
Patas y espacios entre los dedos
Es la localización más habitual. Al caminar, el perro pisa las espigas y estas se enganchan entre los dedos y las almohadillas, donde la piel es fina y el pelo abundante. Suele aparecer un pequeño bulto o un agujerito por el que la espiga ha entrado, y el perro se lame la zona de forma insistente. Revisar bien las patas forma parte del cuidado de las patas de tu perro durante toda la temporada de espigas.
Orejas
Muy frecuente en perros con orejas caídas o con mucho pelo. La espiga entra en el conducto auditivo y el perro empieza a sacudir la cabeza con fuerza, a inclinarla hacia el lado afectado o a rascarse la oreja sin parar. Es una situación que casi siempre requiere veterinario, porque la espiga rara vez se ve desde fuera y puede dañar el tímpano.
Nariz
Al olfatear entre la hierba, el perro puede aspirar una espiga. El signo típico es un acceso de estornudos bruscos y repetidos que aparece de golpe, a veces acompañado de secreción o de algún resoplido para intentar expulsarla.
Ojos y otras zonas
Las espigas también pueden alojarse bajo el párpado, provocando que el perro mantenga el ojo cerrado, lagrimee o se frote la cara. Con menos frecuencia aparecen en axilas, ingles, zona genital o entre los pliegues de la piel. En perros de pelo largo, cualquier zona con mechones es una posible puerta de entrada.
Síntomas de una espiga según la zona
Las espigas no siempre se ven, así que muchas veces hay que sospecharlas por el comportamiento del perro. Estos son los signos de alerta más característicos:
- En las patas: cojera repentina, lamido insistente de un dedo, hinchazón o un pequeño orificio entre las almohadillas.
- En las orejas: sacudidas bruscas de cabeza, cabeza ladeada y rascado constante de una oreja.
- En la nariz: estornudos en salva, repentinos y muy seguidos, a veces con sangrado leve o secreción.
- En los ojos: ojo cerrado o entornado, lagrimeo, enrojecimiento y frotamiento contra el suelo o las patas.
- En la piel: bultos, abscesos o heridas que supuran y que no terminan de cerrar.
Cualquiera de estos síntomas que aparezca de forma brusca tras un paseo por el campo en verano debe hacerte pensar en una espiga hasta que se demuestre lo contrario.
Qué hacer si tu perro tiene una espiga
Si la espiga está en el pelo o muy superficial
Si ves la espiga simplemente enredada en el pelaje, sin haber penetrado la piel, puedes retirarla con cuidado con la mano o con unas pinzas, tirando en la dirección contraria a la que apuntan sus pelillos. Revisa después la zona para asegurarte de que no quede ningún fragmento y de que la piel está intacta.
Si está clavada, no la ves bien o queda profunda
No intentes hurgar ni sacarla a la fuerza si la espiga ya ha entrado en la piel, el oído, la nariz o el ojo. Al manipularla mal corres el riesgo de partirla y dejar la punta dentro, que es justo lo que más se complica. En estos casos lo correcto es acudir al veterinario cuanto antes: cuanto más tiempo pase, más se hunde la espiga y más invasiva resulta la extracción. Esta guía es informativa y no sustituye la valoración de un profesional, que es quien debe retirar cualquier espiga clavada y pautar tratamiento si hay infección.
Cómo prevenir las espigas en tu perro
La prevención es, con diferencia, la mejor herramienta contra las espigas. Con unos cuantos hábitos sencillos reducirás muchísimo el riesgo durante los meses críticos:
- Evita la hierba alta y seca: en verano elige rutas con césped corto y bien mantenido, y mantén al perro lejos de descampados y cunetas con espigas.
- Revisa a tu perro tras cada paseo: dedica un minuto a palpar patas, espacios entre los dedos, orejas, axilas, ingles y hocico.
- Cepilla y recorta el pelo: mantener el pelo de las patas y las orejas corto en verano deja menos puntos de enganche. Un peine metálico fino ayuda a localizar espigas escondidas.
- Protege las patas en zonas de riesgo: si paseáis por el campo, unas botas para perros pueden evitar que las espigas se claven entre los dedos.
Si paseáis con frecuencia por entornos rurales, puede merecer la pena revisar opciones de botas protectoras para perros en Amazon.es, que cubren las almohadillas y los espacios interdigitales durante las salidas al campo. Combinadas con una revisión diaria, son una capa extra de seguridad muy útil en plena temporada de espigas.
Cuándo acudir al veterinario
Acude al veterinario siempre que sospeches una espiga clavada en el oído, la nariz o el ojo, cuando veas un bulto o herida que supura, si tu perro cojea y se lame una pata sin que veas la causa, o si los estornudos bruscos no remiten. También conviene una revisión si has retirado una espiga superficial pero la zona sigue inflamada o el perro se sigue molestando. Detectarlas pronto marca la diferencia entre una extracción sencilla y una pequeña cirugía, así que en plena temporada de espigas más vale pecar de precavido.
Preguntas frecuentes sobre las espigas en perros
Las espigas son un peligro real, pero perfectamente evitable con atención y constancia. Revisar a tu perro después de cada paseo de verano apenas lleva un minuto y puede ahorrarle un buen susto. Ante cualquier síntoma persistente o una espiga que no puedas retirar con facilidad, deja siempre la extracción en manos del veterinario.





