Un periquito como mascota necesita tres cosas innegociables: una jaula ancha (no alta), la compañía de otro periquito y al menos una hora diaria de vuelo fuera de la jaula. Si puedes garantizar eso, es un ave sociable, longeva —entre 8 y 12 años con buenos cuidados— y sorprendentemente fácil de integrar en una familia con niños. Si no puedes, es mejor esperar: la mayoría de problemas de comportamiento y de salud en periquitos domésticos nacen del aburrimiento, de la soledad y de una jaula demasiado pequeña.
En esta guía verás qué necesita de verdad un periquito en casa, cómo montar su jaula, cómo alimentarlo más allá del alpiste, qué tareas pueden asumir los niños según su edad y qué señales conviene vigilar para acudir al veterinario a tiempo.
Qué necesita realmente un periquito en casa
El periquito común (Melopsittacus undulatus), también llamado periquito australiano, es una pequeña cotorra originaria de las zonas áridas de Australia, donde vive en bandadas que recorren decenas de kilómetros buscando semillas y agua. Ese origen explica casi todo su comportamiento doméstico: necesita volar, necesita ver y oír a otros de su especie, y se estresa cuando pasa el día encerrado en un espacio donde ni siquiera puede abrir las alas.
Pesa entre 30 y 40 gramos y mide unos 18 centímetros contando la cola. Es un animal frágil en términos físicos, pero robusto si se le dan las condiciones adecuadas. La idea de que «un pájaro es una mascota fácil» ha hecho mucho daño: un periquito requiere menos espacio que un perro, pero una atención diaria comparable a la de cualquier otro animal de compañía.
- Esperanza de vida: 8-12 años de media en casa, con ejemplares que superan los 15.
- Actividad: diurna; se despierta con la luz y se calla al anochecer si se cubre la jaula.
- Sociabilidad: muy alta. En libertad nunca está solo.
- Ruido: constante pero moderado; parlotea durante buena parte del día.
- Convivencia con niños: buena a partir de los 5-6 años, siempre con supervisión.
Jaula para periquito: tamaño mínimo, forma y ubicación
Este es el punto donde más se falla. Las jaulas que se venden como «para periquito» en muchas tiendas son demasiado pequeñas: sirven como dormitorio, no como vivienda. La regla práctica es sencilla: prima la anchura sobre la altura, porque los periquitos vuelan en horizontal, no en vertical como los canarios.
Medidas y barrotes
- Para una pareja: a partir de 80 cm de ancho × 40 cm de fondo × 50 cm de alto. Cuanto más ancha, mejor.
- Separación entre barrotes: entre 1 y 1,5 cm. Más separación y puede quedar atrapado por la cabeza.
- Orientación de los barrotes: al menos dos laterales con barrotes horizontales, porque trepan con pico y patas.
- Bandeja extraíble: imprescindible para limpiar sin desmontar nada.
- Materiales: acero inoxidable o metal con recubrimiento atóxico. Evita jaulas pintadas de origen dudoso y cualquier pieza de zinc o plomo.
En España, una jaula de este tipo suele moverse en una horquilla orientativa de 60 a 150 euros según tamaño y acabado, y las voladeras de interior suben bastante por encima. Merece la pena invertir aquí: la jaula es el elemento que más condiciona la calidad de vida del animal y dura toda su vida.
Qué debe llevar dentro
- Perchas de madera natural de distinto grosor (2 a 4 cm). Las de plástico liso, todas iguales, favorecen problemas en las patas. Ramas de manzano, sauce o avellano sin tratar son una buena opción.
- Comedero y bebedero separados de las perchas altas para que no caigan restos dentro.
- Un hueso de sepia o bloque de calcio siempre disponible.
- Juguetes rotatorios: columpio, escalera, campana, cuerdas de fibra natural, forrajeadores donde esconder semillas. Cámbialos de sitio cada semana.
- Bañera poco profunda un par de veces por semana; muchos periquitos disfrutan mojándose.
Un detalle importante: no llenes la jaula de accesorios hasta dejarla sin espacio libre. El objetivo es que quede una zona diáfana donde el ave pueda batir las alas y desplazarse de un extremo a otro.
Dónde colocarla
Busca una zona luminosa y transitada de la casa —el salón suele funcionar bien— pero sin sol directo continuo ni corrientes de aire. Apoya al menos un lateral contra la pared: un periquito que se siente expuesto por los cuatro costados vive en alerta permanente. Evita la cocina, porque los vapores de las sartenes antiadherentes sobrecalentadas resultan tóxicos para las aves, y evita también los dormitorios de los niños si quieres dormir hasta tarde los fines de semana.
¿Uno o dos periquitos? La decisión que más condiciona su bienestar
La respuesta corta es dos. El periquito es un ave gregaria que en su entorno natural nunca vive aislada, y un ejemplar solo pasa la mayor parte del día buscando estímulos que no llegan. Cuando ese vacío se prolonga aparecen conductas que suelen interpretarse como «manías»: gritos repetitivos, picoteo de las plumas propias, apatía o apego obsesivo a un espejo.
Existe la creencia de que un periquito solo «se amansa más» y aprende a hablar antes. Es cierto que un ave aislada busca en la persona el sustituto de su bandada, pero eso convierte al humano en su única fuente de bienestar: en cuanto la familia se va a trabajar o al colegio, el animal se queda sin nada. Una pareja bien socializada también se posa en la mano si se trabaja la confianza con paciencia y premios.
- Dos machos: la combinación más tranquila; suelen convivir sin conflictos.
- Macho y hembra: excelente relación, pero pueden intentar criar. Si no quieres puesta, no pongas nido ni cavidades oscuras.
- Dos hembras: es la fórmula con más roces, sobre todo en espacios pequeños.
Sobre los espejos: es preferible no usarlos. Un periquito solo puede fijarse en su reflejo, alimentarlo y desarrollar frustración al no obtener respuesta. Un compañero real siempre es mejor solución que un sustituto de cristal.
Alimentación: mucho más que alpiste
La dieta basada solo en mezclas de semillas es la causa más común de sobrepeso, hígado graso y carencias vitamínicas en periquitos domésticos. Las semillas son muy palatables y muy grasas, y el ave tiende a seleccionar sus favoritas dejando el resto en el comedero.
La base diaria
- Pienso extrusionado específico para periquitos: idealmente la mayor parte de la ración, porque cada bocado aporta la misma composición y no permite seleccionar.
- Mezcla de semillas de calidad: como complemento, no como plato único. Una cucharada sopera por ave y día es una referencia razonable.
- Verdura fresca a diario: pequeñas porciones, retiradas antes de que se estropeen.
- Agua limpia: cambiada cada día, incluso si parece intacta.
El cambio de una dieta de semillas a otra con pienso debe hacerse de forma progresiva, mezclando proporciones crecientes durante dos o tres semanas y vigilando que el ave realmente coma. Es la misma lógica de transición gradual que se aplica al cambiar el pienso a un perro: los cambios bruscos de alimento generan rechazo y problemas digestivos en casi cualquier especie.
Frutas y verduras que suelen aceptar bien
- Hoja verde: canónigos, escarola, rúcula, hojas de zanahoria, acelga en poca cantidad.
- Verdura: zanahoria rallada, pimiento rojo, calabacín, brócoli, guisantes frescos.
- Fruta (con moderación por el azúcar): manzana sin pepitas, pera, melón, arándanos, kiwi.
- Espigas de mijo: útiles como premio para el entrenamiento, no como ración diaria.
Alimentos que debes evitar siempre
- Aguacate: tóxico para las aves.
- Chocolate y cacao, café y cualquier bebida con cafeína.
- Alcohol en cualquier cantidad.
- Cebolla, ajo y puerro.
- Huesos y pepitas de frutas como manzana, cereza o melocotón.
- Sal, azúcar, bollería y comida procesada destinada a personas.
Vuelo libre y enriquecimiento: la hora fuera de la jaula
Un periquito que nunca sale de la jaula pierde musculatura, gana peso y se aburre. Lo recomendable es una o dos horas diarias de vuelo supervisado en una habitación preparada. La primera vez conviene hacerlo con calma: abre la puerta y deja que salga por iniciativa propia, sin perseguirlo ni sacarlo con la mano.
- Cierra ventanas y puertas, y baja persianas o corre visillos para que no choque contra el cristal.
- Apaga ventiladores y cubre o cierra el acceso a la cocina.
- Retira plantas de interior potencialmente tóxicas y recipientes con agua.
- Avisa al resto de la familia y, si hay perro o gato, mantenlos fuera de la habitación.
- Coloca un par de posaderos altos fuera de la jaula para que tenga dónde aterrizar.
Dentro de la jaula, el enriquecimiento se trabaja con forrajeo: esconder semillas en juguetes de cartón, envolver premios en papel sin tinta o colgar espigas de mijo en distintos puntos. La idea es la misma que hay detrás de los juegos de olfato para perros, adaptada a un ave: obligar al animal a resolver un pequeño problema para conseguir la comida en lugar de encontrarla siempre en el mismo comedero.
Higiene y rutina de limpieza
La limpieza es la parte menos vistosa y la más determinante para prevenir problemas respiratorios y digestivos. Una rutina realista se organiza así:
- A diario: cambiar el agua, retirar restos de verdura, rellenar comederos y quitar las cáscaras de la superficie.
- Dos veces por semana: cambiar el papel o sustrato de la bandeja y limpiar las perchas más sucias.
- Cada semana: lavar comederos y bebederos con agua caliente y jabón neutro, aclarando muy bien.
- Cada mes: limpieza a fondo de barrotes, bandeja y juguetes, secando por completo antes de devolver al ave.
Evita lejías y desinfectantes agresivos, y no uses ambientadores, velas perfumadas ni sprays de limpieza cerca de la jaula. El aparato respiratorio de las aves es extraordinariamente sensible a los compuestos volátiles.
Señales de alerta que conviene vigilar
Las aves ocultan la enfermedad hasta que ya no pueden más, así que cualquier cambio evidente suele significar que el problema lleva tiempo instalado. No sustituyas la consulta veterinaria por observación doméstica, pero sí aprende a detectar lo que justifica pedir cita con un veterinario especializado en animales exóticos:
- Plumaje erizado durante horas y postura encogida en el fondo de la jaula.
- Respiración con la cola en movimiento, pico abierto o ruidos al respirar.
- Heces muy líquidas, decoloradas o con restos de sangre.
- Pérdida de apetito o de peso, o dejar de acicalarse.
- Secreción en ojos o narinas, o cambios de color en la cera del pico.
- Arrancarse plumas de forma repetida en la misma zona.
- Bultos bajo la piel o dificultad para posarse.
Un periquito enfermo pierde calor con rapidez: mientras consigues cita, manténlo en un lugar templado, tranquilo y con comida y agua al alcance sin que tenga que desplazarse. Esta lógica de observar primero y consultar después es la misma que conviene aplicar con cualquier animal de casa, como recogemos en la guía sobre señales de alerta que indican que tu mascota necesita ir al veterinario.
Periquitos y niños: qué tareas puede asumir cada edad
El periquito funciona muy bien como primera mascota familiar precisamente porque su cuidado se descompone en tareas pequeñas y repetibles. La condición es que el adulto siga siendo el responsable último: el niño colabora, no sustituye.
De 4 a 6 años
Observar sin meter los dedos entre los barrotes, avisar cuando el bebedero esté vacío y ayudar a elegir la verdura del día. A esta edad el aprendizaje principal es el respeto: hablar bajo cerca de la jaula, no golpearla y no despertar al ave.
De 7 a 10 años
Rellenar el comedero con la ración medida, cambiar el agua con supervisión, preparar los trozos de fruta y colocar los juguetes nuevos. Pueden encargarse también de marcar en un calendario los días de limpieza a fondo.
A partir de 11 años
Limpieza de la bandeja, lavado de comederos, supervisión del rato de vuelo con un adulto presente y registro de cualquier cambio en el comportamiento. Repartir estas responsabilidades por edades funciona igual de bien con cualquier animal; lo desarrollamos en la guía sobre cómo implicar a los niños en el cuidado de la mascota.
Cuánto cuesta tener un periquito en España
Los precios son orientativos y varían mucho según la zona y el establecimiento, pero sirven para hacerse una idea del compromiso económico:
- Jaula amplia: 60-150 euros, compra única.
- Accesorios iniciales (perchas, comederos, juguetes, bañera): 30-60 euros.
- Alimentación: entre 10 y 20 euros al mes para una pareja, contando pienso, semillas y fruta.
- Sustrato y consumibles: 5-10 euros al mes.
- Revisión veterinaria anual con especialista en exóticos: 40-70 euros por consulta, sin pruebas.
Conviene reservar además un fondo para imprevistos: las urgencias en aves suelen requerir un centro especializado, y no todas las clínicas generalistas atienden periquitos.
Errores frecuentes al empezar
- Comprar la jaula más barata: es el error que más caro sale, porque condiciona todo lo demás.
- Tener un solo periquito «para que se amanse»: genera dependencia y aburrimiento.
- Alimentar solo con semillas: abarata el mes y encarece el veterinario.
- Forzar el contacto los primeros días: el ave necesita una o dos semanas para asociar tu presencia con seguridad.
- Cortarle las alas para «controlarlo»: una práctica desaconsejada que limita su capacidad de moverse y de frenar en caídas.
- Cocinar con el ave cerca: los vapores y el humo son un riesgo real para su aparato respiratorio.
Si estás valorando qué animal encaja mejor con la rutina de tu familia antes de decidirte, puede ayudarte comparar opciones en nuestra guía sobre las mejores mascotas para familias con niños y la ficha de la cobaya como mascota, que comparte con el periquito la necesidad de compañía de su propia especie.
Preguntas frecuentes sobre los periquitos
Un periquito recompensa mucho a quien le da lo que necesita: espacio horizontal, un compañero de su especie, comida variada y un rato de vuelo cada día. Con esa base tendrás un ave activa, curiosa y con una esperanza de vida que puede acompañar a los niños de casa durante toda su infancia.





