Para refrescar a un gato en verano necesitas combinar tres cosas: agua fresca y limpia en varios puntos de la casa, zonas de sombra con superficies frescas donde pueda tumbarse y pequeños gestos de ayuda como toallas húmedas o alfombrillas refrescantes. Los gatos apenas sudan —solo lo hacen por las almohadillas— y por eso les cuesta mucho más que a nosotros regular su temperatura cuando aprieta el calor. La buena noticia es que con unos pocos cambios en casa tu gato puede pasar los meses más calurosos cómodo y sin riesgos.
Por qué los gatos lo pasan mal con el calor
El cuerpo del gato está diseñado para conservar el calor, no para disiparlo. Sus glándulas sudoríparas se concentran en las almohadillas de las patas, la barbilla y poco más, así que no pueden sudar por toda la piel como hacemos las personas. Para bajar su temperatura dependen de comportamientos: buscar sombra, tumbarse sobre superficies frías, acicalarse (la saliva al evaporarse refresca) y reducir al mínimo la actividad durante las horas centrales del día.
Por eso en verano verás a tu gato dormir más, comer menos y elegir rincones sorprendentes: el plato de la ducha, el suelo del baño, el interior del lavabo o la baldosa más fresca del pasillo. No es apatía ni enfermedad: es su forma natural de gestionar el calor. Tu papel es ponérselo fácil y vigilar que esa gestión no se vea desbordada, porque cuando el gato no consigue disipar el exceso de temperatura puede aparecer el temido golpe de calor en gatos, una urgencia real.
Cómo saber si tu gato tiene calor
Antes de aplicar trucos conviene aprender a leer a tu gato. Hay señales normales de adaptación y señales que deben ponerte en alerta.
Señales normales en días calurosos
- Duerme más horas y en zonas frescas del suelo.
- Se estira completamente en lugar de dormir enroscado, para exponer más superficie corporal.
- Come algo menos y reparte la comida en más tomas pequeñas.
- Se acicala con más frecuencia de lo habitual.
Señales de alerta
- Jadeo con la boca abierta: en gatos no es normal casi nunca.
- Respiración muy rápida y superficial, o salivación excesiva.
- Letargo intenso, encías muy rojas o temblores.
- Búsqueda desesperada de superficies frías acompañada de desorientación.
Si observas varias de estas últimas señales a la vez, actúa: llévalo a una zona fresca, ofrécele agua, humedece almohadillas, axilas e ingles con agua templada (nunca helada) y contacta con tu clínica veterinaria para que valoren la situación.
10 trucos para refrescar a tu gato en verano
1. Agua fresca en varios puntos de la casa
Es la medida más importante de todas. Coloca dos o tres cuencos de agua repartidos por la casa, lejos del arenero y de la comida, y renuévala un par de veces al día para que esté fresca. Muchos gatos beben más si el agua está en movimiento: una fuente de agua puede multiplicar lo que bebe a lo largo del día. Si quieres una, en Amazon tienes muchas fuentes de agua para gatos con filtro y depósito amplio, y en nuestra guía de los mejores bebederos para gatos te contamos cómo elegir la adecuada.
2. Sombra y habitaciones frescas siempre accesibles
Deja siempre abierta la puerta de la habitación más fresca de la casa, baja las persianas en las horas de sol directo y ventila a primera hora de la mañana y por la noche. Un piso con las persianas bajadas durante el día puede estar varios grados por debajo de uno expuesto al sol de la tarde.
3. Toallas o guantes húmedos
Humedece una toalla pequeña o un guante con agua a temperatura ambiente y pásalo suavemente por su cabeza, nuca, axilas, ingles y almohadillas. Simula el efecto del acicalado y refresca justo donde el gato pierde calor. Hazlo solo si tu gato lo tolera bien: para muchos es agradable, pero nunca debe convertirse en una lucha.
4. Alfombrilla refrescante
Las esterillas de gel autorrefrigerante absorben el calor corporal sin necesidad de nevera ni electricidad. Colócala en una de sus zonas de descanso habituales y deja que la descubra a su ritmo; no todos los gatos la aceptan el primer día. Encontrarás alfombrillas refrescantes para gatos de varios tamaños por poco dinero, y son especialmente útiles para gatos mayores o de razas de pelo largo.
5. Cepillado diario
El pelo muerto acumulado actúa como una manta que impide la circulación del aire junto a la piel. Un cepillado diario en verano elimina ese subpelo suelto, mejora la ventilación natural del pelaje y de paso reduce las bolas de pelo que traga al acicalarse más a menudo.
6. Ventilador o aire acondicionado, con cabeza
Mantener la casa entre 22 y 26 °C es ideal. Si usas aire acondicionado, evita que el chorro de aire le dé directamente y no crees contrastes bruscos de temperatura entre habitaciones. Con ventiladores, asegúrate de que las aspas queden fuera de su alcance o usa modelos sin aspas. Y una regla de oro en verano: revisa ventanas y balcones, porque un gato acalorado buscando aire puede asomarse más de la cuenta.
7. Juegos con cubitos de hielo
Un cubito de hielo deslizándose por el suelo es un juguete refrescante improvisado: muchos gatos lo persiguen y se refrescan las almohadillas al tocarlo. También puedes añadir un cubito al cuenco de agua o congelar caldo de pollo sin sal ni cebolla en cubiteras para ofrecerle un premio helado ocasional.
8. Más comida húmeda
La comida húmeda aporta alrededor de un 80 % de agua, así que aumentar su proporción en verano es una forma muy eficaz de hidratar a un gato que bebe poco. Sírvela en tomas pequeñas y retira lo que no coma en 20-30 minutos, porque con el calor se estropea enseguida. Si dudas de cuánta agua necesita tu gato al día, en esta guía sobre la hidratación de perros y gatos lo explicamos con cifras orientativas.
9. Actividad solo a horas frescas
Concentra las sesiones de juego a primera hora de la mañana o al caer la noche, cuando la temperatura baja. Evita estimularle a correr o saltar en las horas centrales del día, aunque él parezca dispuesto: el sobreesfuerzo con calor es uno de los desencadenantes clásicos de la hipertermia.
10. Superficies frescas y rincones a su gusto
Deja a su alcance baldosas despejadas, el plato de ducha o una cama elevada tipo hamaca que permita circular el aire por debajo. Retira mantas y camas mullidas de sus zonas favoritas o cámbialas por fundas de algodón fino. Cada gato elegirá su rincón: tu trabajo es ofrecer opciones, no decidir por él.
Qué no debes hacer para refrescar a tu gato
- No lo mojes entero con agua helada: el frío brusco contrae los vasos sanguíneos y dificulta que libere calor, además del estrés que supone. Mejor toallas húmedas templadas en zonas concretas.
- No lo rapes: el pelaje también aísla del calor y protege su piel del sol. Un rapado completo puede provocar quemaduras solares y problemas de termorregulación. Cepillado sí, rapado no (salvo indicación veterinaria).
- No lo encierres en habitaciones sin ventilación, galerías acristaladas ni, por supuesto, vehículos: son trampas de calor que se calientan en minutos.
- No fuerces remedios: si rechaza la alfombrilla o la toalla húmeda, no insistas. Un gato estresado genera más calor corporal, no menos.
Cuándo preocuparte: del calor normal al golpe de calor
La mayoría de los gatos gestionan bien el verano con las medidas anteriores. Pero hay perfiles de más riesgo: gatitos, gatos mayores, gatos con sobrepeso, razas braquicéfalas como el persa o el exótico (su hocico chato dificulta la respiración) y gatos con problemas cardíacos o respiratorios. Con ellos conviene extremar las precauciones los días de ola de calor y no dejarlos muchas horas sin supervisión; si pasas fuera todo el día, revisa antes cuánto tiempo puede quedarse un gato solo en casa y en qué condiciones.
Si pese a todo aparecen jadeo continuado, tambaleo, vómitos o encías muy rojas, no esperes a ver si mejora: refresca al gato de forma gradual y acude a tu veterinario. La diferencia entre un susto y un problema serio suele estar en la rapidez con la que se actúa.





