Por qué los gatos arañan: una necesidad instintiva
El arañado es uno de los comportamientos más arraigados del gato, dé igual la raza, la edad o si vive dentro o fuera de casa. No es un capricho ni una rebeldía, sino que cumple varias funciones biológicas que el animal necesita cubrir con regularidad.
Lo primero es que rascar les mantiene las uñas en buen estado, porque eliminan la capa exterior desgastada y dejan a la vista la capa sana de debajo. También les sirve para estirar la musculatura de patas, lomo y hombros. Y hay una tercera función que suele pasarse por alto, la de comunicar, porque en las almohadillas plantares tienen glándulas odoríferas que dejan marcas de olor invisibles para nosotros y perfectamente legibles para otros gatos.
Qué significa que tu gato arañe los muebles
Cuando un gato elige el sofá, la esquina del sillón o el marco de una puerta, rara vez lo hace al azar. Buscan superficies verticales firmes, con algo de resistencia, en zonas de paso o allí donde la familia pasa más rato. Por eso el rascador arrinconado en un cuarto apartado acaba sin usar, porque al gato le interesa marcar donde hay vida social.
El arañado también se dispara en momentos de activación, cuando llegas a casa, después de comer o en situaciones de estrés. Ahí funciona como válvula de escape.
Cómo redirigir el arañado sin frustrar al gato
Castigar al gato no protege los muebles, solo le genera confusión y ansiedad. Lo que funciona es darle alternativas mejores y ponerlas donde toca.
Elige el rascador adecuado
No todos los rascadores valen igual. Los gatos suelen preferir el sisal natural, el cartón corrugado o la corteza de árbol, y la altura importa tanto como la textura, porque tiene que poder estirarse del todo mientras rasca, lo que en la mayoría de adultos significa 60 o 70 cm como mínimo.
Los rascadores verticales tipo poste son los que valen para más gatos, aunque algunos prefieren superficies horizontales o inclinadas. Si el tuyo araña el suelo o la alfombra, prueba con uno horizontal de cartón corrugado.
El rascador de sisal con poste alto es de los que mejor funcionan, porque junta estabilidad, buena textura y sitio para estirarse. Elige modelos con base pesada, o se tambalearán desde el primer día.
Coloca el rascador en el lugar correcto
Pon el rascador cerca del mueble que ya araña. De entrada no se trata de alejarlo de ahí, sino de darle una alternativa en el mismo sitio. Cuando lo use con regularidad, ve moviéndolo unos centímetros al día hacia donde te interese.
Si araña el sofá donde duerme, pon un rascador vertical justo al lado, porque muchos gatos se estiran y rascan nada más despertarse.
Haz el rascador más atractivo
Frota un poco de hierba gatera seca en la superficie para que le llame la atención. También puedes acercarlo tú, con suavidad y sin forzar, y premiarle con algo de comer o unas caricias cuando lo use.
Lo que no hay que hacer es cogerle las patas para simular el movimiento de rascar, porque sale al revés y acaba asociando el rascador con algo desagradable.
Proteger los muebles mientras el gato aprende
Mientras aprende, cubre las zonas más castigadas con algo que le resulte poco apetecible: mantas gruesas, protectores adhesivos de doble cara o fundas ajustables de sofá. No son soluciones definitivas, pero dan margen hasta que coja el hábito nuevo.
Con los repelentes de olor intenso, comprueba antes que son seguros para gatos, porque algunos llevan aceites esenciales que pueden resultar tóxicos para los felinos.
Cuántos rascadores necesita un gato
Con un solo gato, lo razonable son al menos dos rascadores en zonas distintas de la casa. Con varios, la regla habitual es uno por gato más uno de repuesto, repartidos para que no compitan por el mismo sitio.
Si convive con otros y hay tensión territorial, el arañado se intensifica como forma de marcar. Añadir más puntos de rascado suele quitarle presión a los muebles.
Cuándo consultar con un especialista en comportamiento
Si el arañado es muy intenso, aparece de golpe en varias superficies o viene acompañado de más agresividad, retraimiento o cambios en el apetito, conviene comentarlo con el veterinario o con un especialista en comportamiento felino. Un pico repentino suele tener detrás estrés ambiental, cambios en casa o roces con otras mascotas.





